Autores: Gisela Rusteholz y Mauro Mediavilla
El estudio de Rusteholz y Mediavilla (2026) analiza la relación entre el acoso escolar y el rendimiento académico de los estudiantes españoles, prestando especial atención al papel de la salud mental y del apoyo de las familias y del profesorado. A partir de los datos de PISA 2018 y 2022, la investigación examina cómo se relacionan estas dimensiones y qué diferencias se observan entre ambas ediciones.
El acoso escolar es un problema que afecta a la convivencia en los centros y al bienestar del alumnado. Sus consecuencias pueden extenderse a las oportunidades educativas, por lo que comprender su relación con el aprendizaje resulta especialmente relevante. En este contexto, la salud mental merece una atención particular: las dificultades emocionales que acompañan a las experiencias de victimización pueden contribuir a explicar por qué los estudiantes que sufren acoso presentan también peores resultados académicos.
La aportación de este estudio consiste en analizar conjuntamente (1) la asociación entre el acoso escolar y el rendimiento, (2) el papel de la salud mental como vía intermedia en esa relación, (3) la relación del apoyo familiar y docente con la victimización y (4) las diferencias entre 2018 y 2022.
Los datos provienen del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA), coordinado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Esta evaluación recoge información sobre las competencias en matemáticas, ciencias y lectura del alumnado de alrededor de 15 años, junto con cuestionarios sobre su contexto personal, familiar y escolar. El estudio utiliza las muestras españolas de las ediciones de 2018 y 2022.
Para analizar el acoso escolar se emplearon las respuestas de los propios estudiantes sobre experiencias de exclusión, burlas, amenazas, daños a sus pertenencias, agresiones físicas y difusión de rumores. La salud mental se aproximó mediante indicadores de malestar declarado, como la irritabilidad, el nerviosismo, la depresión y las dificultades para dormir. Asimismo, se incorporaron las percepciones del alumnado sobre la comprensión y el acompañamiento de sus familias y sobre el interés y la atención del profesorado.
Para la estimación de las relaciones existentes (o no) entre los factores analizados se utiliza un análisis mediante modelos de ecuaciones estructurales, que permiten estudiar simultáneamente estas relaciones. Como muestra la figura 1, el modelo distingue una asociación directa entre acoso y rendimiento y una vía indirecta a través del malestar emocional. También incorpora el apoyo familiar y docente, teniendo en cuenta características personales, familiares y de los centros.
Figura 1. Relaciones analizadas entre apoyo familiar y docente, acoso escolar, malestar emocional y rendimiento académico. Las flechas representan las relaciones propuestas en el modelo. Fuente: adaptación de Rusteholz y Mediavilla (2026).
Los resultados muestran que el acoso escolar se relaciona negativamente con el rendimiento en matemáticas, ciencias y comprensión lectora en ambas pruebas. Sin embargo, el peso de las distintas vías analizadas cambia entre 2018 y 2022.
En 2018 predominaba la asociación directa entre acoso y rendimiento académico. En 2022, la vía indirecta a través de la salud mental adquirió mayor importancia en las tres competencias. Esto significa que las dificultades emocionales tuvieron un papel más destacado dentro de la relación estimada entre victimización y aprendizaje. En matemáticas y ciencias, la magnitud de esta vía indirecta se aproximó a la de la asociación directa.
También hemos analizado el papel del apoyo familiar y docente. En ambas pruebas, los estudiantes que perciben mayor apoyo de sus familias y del profesorado presentan menores niveles de victimización. Estos resultados destacan la relevancia de las relaciones que el alumnado mantiene con los adultos de su entorno y de su percepción de sentirse escuchado, comprendido y acompañado.
Nuestro estudio pone de relieve la importancia de incorporar el bienestar emocional a las estrategias de prevención y respuesta frente al acoso escolar. Los resultados respaldan una atención conjunta a la convivencia, la salud mental y el aprendizaje, así como una mayor coordinación entre familias, profesorado y profesionales de apoyo. Avanzar en estas dimensiones puede contribuir a construir entornos educativos seguros, en los que todos los estudiantes encuentren condiciones adecuadas para aprender.
Rusteholz, G., y Mediavilla, M. (2026). Bullying, Mental Health, and Academic Performance: Changing Dynamics between 2018 and 2022. International Journal of Bullying Prevention. https://doi.org/10.1007/s42380-026-00378-w
Nota: Este artículo se corresponde con una colaboración externa. Las opiniones expresadas en este post son exclusivas de los autores y no reflejan necesariamente la postura oficial del INEE


